Tapita: Desayuno con diamantes

Creo que la primera persona que murió que yo conocía fue la abuela Rosa, no era mi abuela era la de mi amigo pero yo la llamaba abuela porque a mi me trataba como a un nieto, esta es la que nos daba de merendar pan con vino, algo impensable en los días que corren hoy. El día de su muerte yo tendría unos diez años y lo cierto es que no sabía muy bien que hacer, por un lado estaba triste pero tampoco podía llorar así que me fui a ver a Ramón que era el acomodador amigo mio del cine Odeón.
Ramón fue una persona clave en mi vida, él no me enseñó a sumar o restar, ni a escribir ni filosofía ni historia, el me enseño algo mucho más importante: me enseñó a amar el cine, dependiendo del día cuando me escapaba del colegio él me recomendaba ver una u otra película, me mandaba al pavón o al progreso con algún encargo para que así pudiera entrar, sino me colaba dentro de la sala y entre las cortinas o arriba del todo me dejaba ver las películas, además era mi compinche nunca se lo decía a mis padres.
Aquella tarde ponían Desayuno con Diamantes, y Ramón me comentó que era una película que me gustaría de mayor, pero que ahora no la iba a entender, era una mezcla de comedía, romántica y drama que tenia mucho éxito entre los mayores, además estaba Audrey Hepburn que era una actriz que a todas las mujeres de entonces les gustaba.
Sin embargo Ramón me dijo que me esperara a una escena en la que la actriz cantaba una canción muy bonita que me ayudaría a sentirme mejor. Se trababa de “Moonriver”. Cuando iba a comenzar la canción, Ramón me llamó con su uniforme rojo y me coló por un lado de la sala envuelto en la cortina de terciopelo azul almidonada donde otras veces hasta me había quedado dormido de pie viendo a James Cagney liarse a tiros con todo el FBI,
En aquel momento Audrey empezó a cantar, se asomó Mickey Rooney que hacia de vecino japonés en la película y se asomó también George Peppard que años más tarde seria uno de mis héroes encarnando al líder del equipo A, y de una forma u otra yo también me asomé a ese patio embriagado por su voz. Yo no entendía nada del inglés pero en unos segundos estaba llorando, aquella canción me emocionó de verdad, y lo sigue haciendo 40 años después; nunca pude imaginar que mi homenaje a la abuela Rosa fuera Moonriver y sin embargo estoy seguro que a ella la encantó ya que siempre me dijo que me dedicaría de una forma u otra al cine y no se equivocó en cierta forma; pues Tapitas de cine es una manera de hacerlo.

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