Tapita: Babe

Los cines de verano siempre han sido un sitio especial para mí. De pequeño íbamos a veranear a un sitio llamado la Puebla de Farnals a unos 30 kilómetros de Valencia. El apartamento era de una amigo de mi padre y lo que más me gustaba de dicho sitio era que la venta no daba al mar sino a un enorme avión que era una discoteca y a una gigantesca pantalla de cine donde se proyectaban todos los días dos películas diferentes, lo que significaba que en quince días con un poco de suerte vería 30 películas, o bien sentado en una silla de hierro o desde la terraza del piso.
En el verano del 78 vi muchas películas pero hubo una que me dejo sin aliento; se traba de El Golpe de George Roy Hill, aunque todo el mundo la conocía por ser una película de Paul Newman y Robert Redford, dos actores que por entonces volvían locas a todas las mujeres de la época. La película era genial su música pegadiza, lo rápida que era la película, el argumento, su intriga, la galería de actores secundarios magníficos que actuaban; pero lo que nunca podré olvidar fue ese final, realmente el golpe es el que te llevas cuando acaba la película.
Creo que con esta película aprendí a que no siempre se debe contar la película a un amigo. Hoy en día cuando la reviso en dvd todavía me saca una sonrisa; no me extraña que se llevara tantos oscars ese año.
El complemento perfecto a estas proyecciones eran las pipas de girasol que devorábamos mientras que mirábamos la película, era fantástico porque sabíamos que al regresar a Madrid en los cines no dejaban comer pipas solamente palomitas, y eso lo hacía más especial todavía. Pipas facundo o churruca eran las mejores curiosamente hoy en día todavía las pruebo en los veranos, aunque ya sin Redford ni Newman.

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