Tapita: Dos en la carretera

Pocas veces, por no decir que ninguna, me ha gustado que mis amigos o amigas elijan películas para ir a ver al cine por mí; no sé porque quiero ser yo casi siempre el que elige la película y al que luego le agradecen haber visto tal o cual película.
Sin embargo, como siempre en la vida hay excepciones; yo creo que debía ser por el año 92 o 93 cuando andaba con viajes a estados unidos continuamente y paraba muy poco por España y en uno de mis regresos, me llamo mi amiga Ana María con la que yo había trabajado algunos años antes, quería quedar a comer y me propuso llevarme la cine Jorge Juan a ver una película que reponían de Audrey Hepburn; acepté porque ese fin de semana además estaba solo en Madrid y me fui a comer una gran fabada en Casa Portal que todavía no he olvidado, ya que quedaba cerca del cine.
Cuando pregunte por la película me dijo que era su película favorita y que era de Stanley Donen, el de Cantando bajo la lluvia, Charada…claro me lo dijo con la sonrisa maravillosa que tenía y no le pude decir que no pero a mí me sonaba a petardo romántico.
La película era Dos en la carretera, reconozco que me gustó, me reí bastante y en algunos momentos se me puso un pequeño nudo en la garganta, pero lo que más me gustó es que al empezar la película AnaMari me agarró la mano y no la soltó hasta que terminó; aquello prometía, sin embargo la mire como catorce o quince veces durante la película y vi cómo le brillaban los ojos y como disfrutaba de la historia; realmente era su película favorita y de verdad, pocas veces he sentido envidia por ver disfrutar a alguien tanto con una película.
Al finalizar, estaba con lágrimas de alegría, me miró con su sonrisa y me besó; yo me quede paralizado sin saber qué hacer ni que decir, de hecho tenía una coca cola a medias y casi me la tiro encima de los pantalones.
Me parece fascinante la magia que el cine puede producir en una persona, casi quince años después sigo viendo a mi amiga y cenamos, hablamos de nuestras parejas, de los niños, del trabajo incluso el verano pasado estuve en su casa en las afueras de Madrid y no tengo valor para pedirla que quedemos un día solos, en su casa o en la mía, para volver a ver Dos en la carretera juntos y observar que la magia del viaje de pareja que la Hepburn y Albert Finney realizan sigue manteniendo viva nuestra ilusión por el cine; lo que daría por volver a verla y por supuesto agarrado de su mano.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *