Tapita: Driver

Se llamaba Gloría y a mi me volvía loco. Era impulsiva, y caliente. Era inquieta y divertida. Era perfecta y además…estaba buenísima. Quedábamos los fines de semana, quedábamos entre semana, quedábamos siempre. Un martes veraniego entramos en un cine nuevo. Tenía seis salas. Yo quería que ella viera “Driver” de Walter Hill. Olía a ambientador y a moqueta nueva. La sala estaba vacía. A los diez minutos nuestros cuerpos se retorcían sobre las butacas. Como una auténtico pringao saqué las palomitas que llevaba, ella había metido en su bolsa de deportes varias litronas, a mi no me parecía buena idea, no me gustaban los que beben cerveza en litronas, pero tal y como acabó la tarde comprendí que estaba equivocado. Fue un verano increíble. Aún hoy me excita tomarme unas palomitas con cerveza. Desde entonces volví muchas al cine con litronas, fui muy feliz pero de Gloria no supe nada más-

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