Tapita: El padrino

Una de las chicas que más me impresionó en mi vida fue Maria, yo tenía quince años y ella casi los dieciocho, pintaba muy bien pero era inaccesible, no daba la más mínima bola ni a chicos ni a chicas, lo cual la hacía muy atractiva para mí.
Las chicas decían que era rara, en aquella época no se utilizaba el concepto “gay” y mucho menos “lesbiana”, y los chicos decían un tanto de lo mismo, porque Maria era bella, que no es lo mismo que guapa; y desde mi punto de vista estaba bastante bien.
Vivía por la zona del río manzanares ya que cogía el autobús dos paradas después de nosotros, subía a él, nos miraba y sin decir nada viajaba hasta el colegio, así de lunes a viernes, todo un misterio.
Pero los misterios también tienen solución y mira por donde uno de los días más felices de mi vida dentro de una sala cinematográfica, se produjo el desenlace a tanta intriga.
Era sábado y había quedado con mi amigo Félix para ir al cine Gran vía a ver el Padrino, nada más y nada menos. Estábamos súper nerviosos habíamos leído mucho sobre la película, la música la poníamos a todas horas y los minutos que quedaban se hacían interminables.
El cine estaba hasta arriba y la película no defraudo, cada fotograma superaba al anterior, si Marlon Brando estaba mejor, Al Pacino lo superaba, y sino cualquiera de sus secundarios o incluso esos personajes como Luca Brassi o Clemenza.
Diane Keaton para mí fue de lo mejor de la película, aunque el asesinato de Sonny se llevó la palma, nunca me había impresionado tanto una escena en el cine, sin quitarle importancia a la escena de la cabeza del caballo. Según he liedo Coppola no le había informado a John Marley (el actor que interpretaba al director de cine) que le iba a poner una cabeza de verdad con tanta sangre de manera que la reacción de asco que muestra en la escena alcanzó una cota de realidad difícil de superar.
Cuando la película se exhibió en Madrid había un descanso que aprovechábamos para ir al baño o a por palomitas, si ahora lo hicieran todo el mundo saldría a hablar por el móvil seguro, yo me fui a por palomitas y cuál fue mi sorpresa al llegar al bar y encontrarme de frente con Maria y con Rafita su hermano pequeño, que era de mi edad, sentado en su silla de ruedas.
Maria se sonrojó, de la misma manera que lo hacía Sandra la mujer siciliana que se casa con Michael y que matan el día de su boda; pero el que sintió vergüenza de verdad fui yo al pensar como juzgábamos a Maria desde fuera sin tener ni idea del sufrimiento que tanto ella como su familia debían pasar por la desgracia de su hermano.
En aquella época ir en silla de ruedas era casi como una vergüenza que la sociedad no admitía. Félix y yo quedamos a la salida con ellos para acompañarles aunque Maria nos dijo que no hacía falta porque venía su padre a recogerles en una furgoneta.
Yo no comenté nada en el colegio, pero quedé con Maria y su hermano para ir al cine más veces, en concreto al España que estaba en General Ricardo muy cerca de su casa y del bar Castellano donde hacían, y hacen, las mejores gallinejas de Madrid.
Nunca sentí nada especial por Maria, pero he de reconocer que cada vez que veo el Padrino que han sido unas cuantas veces me acuerdo de ella, no he vuelto a saber nada de ella pero seguro que le va bien porque a la buena gente, y ella lo era, siempre les va bien aunque la vida les golpee de una forma tan cruel.

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