Tapita: El último tango

Por fin llegaba ese viernes después de esperar casi 19 años. Si como lo oís; ese es el tiempo “más o menos” que llevaba esperando para ver “El último Tango en Paris”, unos tíos míos que no habían salido de Madrid se fueron a Francia a verla, mis padre4s fueron como tres veces a verla al cine Pompeya en la Gran vía cuando la estrenaron en España; y cada vez que me ponía a escuchar que decían sobre la película todos se callaban.
Pero ¿Qué tenía esa película?; hubo un tiempo incluso que pensé cosas raras puesto que lo único que escuchaba era la escena de la mantequilla, me da hasta vergüenza decir que pensaba. El caso es que como decía al principio mi amigo Juan Carlos y yo por fin teníamos las entradas y la edad para ir al cine Rosales a verla.
Mi primer impacto fue al entrar en la sala y ver que éramos seis hombres frente a casi doscientas mujeres, aquello pintaba bien, aunque luego me entere de que María Schneider era la actriz favorita de las lesbianas, que por entonces no eran muy populares en la sociedad; pero lo peor vino después puesto que casi me quede dormido durante la mayoría de la película, como lo oís me aburrí como pocas veces lo había hecho en el cine, y es que las películas tiene una edad y un momento para verlas, casi veinte años después puedo valorar la magnifica interpretación de un Brando crepuscular, puedo apreciar con algo de terror el reflejo que Bertolucci hace de la soledad humana y sobre todo puedo valorar, no sólo, la magnifica fotografía de Vittorio Storaro sino la increíble música del argentino Gato Barbieri.
Y por supuesto puedo ver usos alternativos a la mantequilla, aunque hoy en día gracias a Christian Grey creo que la reservo para el desayuno simplemente.

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