Tapita: Jennie

Pocas veces en la vida he tenido una sensación tan extraña como cuando vi por primera vez “Jennie”, que nunca sabré porque no la titularon “El retrato de Jennie”. Fui al cine Alexandra un sábado por la tarde con Isabel una compañera de la facultad que presumía de saber de cine al igual que yo. No sé porque o por quien teníamos la idea de que esta película era de las que se llamaban de “arte y ensayo”, creo que era del año 49 y era famosa porque siendo rodada en blanco y negro tenia algunas escenas con toque en color.
Lo cierto es que resultó ser una de las historias de amor más bonitas que yo recuerdo en una película, con intriga, con la belleza de Jeniffer Jones y con un ¡toque de ciencia ficción¡. Quizás porque su director era alemán, W Dieterle y tenia algo del expresionismo alemán, o quizás por la austeridad del relato, el caso es que a los dos nos gusto la película pero ninguno esperábamos eso. Esta sensación es muy bonita y se produce muy de vez en cuando. Al salir del cine nos tomamos una caña rápida y cada uno se fue para su casa como si nos hubieran embrujado. Años más tarde confesamos a amigos comunes que habíamos quedado para enrollarnos, pero la magia de Jennie lo impidió, de Isabel nunca más supe, pero a Jennie la he visto varias veces además con la suerte de ser una película que casi nadie ha visto lo cual me permite llenar de magia a quien quiera dejarse llevar por la magia.

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