Tapita: Muerte entre las flores

Desde el primer día que empecé a trabajar en aquella horrible multinacional supe que me acabaría casando con Pilar, era morena, simpática y tenía los ojos verdes más bonitos que se pueden imaginar. Ella siempre iba en una impresionante moto a trabajar y claro, yo ni siquiera sabía conducir, así que aproveché la ocasión y la invité una tarde a ver “Muerte entre las flores” de los hermanos Cohen. La proyectaban en los cines Ideal en versión original y como es difícil aparcar por allí nos fue mejor ir en metro. Cuando salimos la intenté llevar a la Dolores, pero para mi desgracia ella había estado tirando cerveza en un bar durante dos años y me dijo que si quería beber buena cerveza me iba a llevar al cangrejero junto a la Plaza España. Nunca he conocido camareros más antipáticos, pero la cerveza estaba estupenda, a esa noche le siguieron otras con aquellos insoportables camareros, o en la Dolores, o en la Ardosa, incluso en la Cruz blanca, y siempre antes o después de ver buenas películas.
101 Dálmatas, Una noche en la opera, Manhattan, Annie Hall, Driver, Muerte entre las flores y muchas más las he vuelto a ver, de hecho las tengo todas en video y algunas incluso en DVD. A mi hermano Raúl hace diez años que no le veo, creo que vive en Bruselas, y en casa nunca faltan las litronas.
Romeo y Nacho, nuestros hijos todavía no beben cerveza, pero les encantan las patatas fritas que se come mientras que su madre, Pilar, y yo disfrutamos de una buena cerveza a la salida del cine.

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