Tapita: Objetivo Birmania

Angelines tenía 16 años, yo creo que era una chica muy desarrollada para su edad, estudiaba primero de BUP, y sus ojos eran una mezcla de verde y azul. Salía con José María un compañero mío de clase que a mí me parecía un chulo.
Creo que iban a bailar todos los fines de la semana con algunos de mi panda, pero casi nunca habíamos coincidió. Un viernes Nines, que era como yo la llamaba, me comentó que la apetecía mucho ir al cine ese fin de semana y como a su novio no le gustaba ir, se había enterado que yo era un apasionado y había pensado que yo la acompañara.
Yo alucine porque he de reconocer que me había fijado en ella varias veces, y aunque me daba un poco de miedo por el animal de Josemarí la dije que sí.
Quedamos el sábado y fuimos al cid campeador a ver una película de amor: “Enamorarse” de Mery Streep y Robert de Niro. Era ese tipo de historia en que dos personas casadas coinciden en una librería y luego en el tren y poco a poco terminando enamorándose hasta el punto de que cada uno rompe sus relaciones y terminan juntos.
A pesar que la historia no me la terminaba de creer la música y sobre todo el desarrollo de la película me gustó, evidentemente con esos actores es difícil no hacer una buena película, a ella sin embargo no es que la gustará sino que se volvió loca. AL salir nos fuimos al Galatea que era donde comíamos perritos caliente gigantes muy baratos y no paraba de hablarme de la historia.
Nos dieron las once o las doce de la noche hablando del tema, el caso es que cuando la dejé en su casa, fue al grano directamente; quería seguir con José Mari pero estaba enamorada de mí, es decir todo fue un plan milimétricamente planeado y sellado con un beso de mucho nivel para aquella época.
Aquella noche fue terrible para mí ¿hacia mal? ¿Debía intentarlo? ¿Realmente se podría querer a dos personas a la vez como decía ella? ¿Debía ser responsable y dejarla porque sabía que ella tenía una relación? ¿O tenía que seguir mis instintos porque a mi ella me gustaba?.
A lo mejor simplemente debería haber disfrutado del momento, porque a la mañana siguiente apareció José María por la mañana en la puerta de mi casa y me dio una paliza de cuidado, terminando el romance de una manera contundente.
No sé qué hubiera hecho Robert de Niro en mi lugar, pero mi conciencia siempre ha estado muy tranquila, a lo mejor fue un error, pero en la vida los únicos errores que se perdonan son aquellos que se hacen por amor precisamente, y desde luego no me arrepiento lo más mínimo de haber querido a Nines durante una noche, para mi mereció la pena.
Meses después me enteré que otro tío de un instituto le dio una paliza a José Mari que lo mando una semana a un hospital, nunca supe quién era ese chico pero me sentí vengado, aunque él se quedó con Nines

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